Después de desear tu boca, probarla y
saborearla, he decidido que tus labios son para mí y no es algo que
se pueda discutir. Que quede claro. Y no podré decir esas palabras que
me dan tanto terror, pero eso no es que no
las sienta.
Tú sabes muy bien que las sientes y que es posible que yo también. Así
que mintámonos un poco más. Hagámonos los
tontos otra tarde mientras nos abrazamos. Vuelve a soplarme el oído
mientras duermo o acaríciame la espalda. Porque aunque digamos que no significa
nada, los dos sabemos que significa todo.
Nos parecemos demasiado, sentimos
demasiado, queremos demasiado y ahora mismo demasiado me parece demasiado
poco
para enumerarte la veces que he sentido este hormigueo a tu lado. Que no dura una tarde, sino una
eternidad.
Y te juro que odio
ponerme cursi
y decir que tus ojos me dan miedo, que no soporto nuestras despedidas, ni tus
intentos de quererme, porque
lo consigues...
No pude vender mi alma al Diablo, pero a ti te estoy regalando mi entrada en el
cielo. Voy de cabeza y sin temblar.
Y ahora es cuando sueño que me cantas:
-A lo mejor, decides hoy que lo
mejor para los dos es mojarte, ya no hay marcha atrás, y de una vez di la
verdad.

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