Y pensábamos que
lo nuestro sería para siempre. Diferente a todo lo anterior. Tan
especial que nadie lo podría romper. Nadie te conocía
como yo, nadie me conocía como tú. Nuestras miradas significaban todo. Y con un sólo abrazo, podíamos borrar todo
lo malo de nuestro alrededor. No existía el perdón, porque nunca había
discusión. Tú ilusión era verme salir por la puerta del instituto y la mía
verte por el telefonillo. Nuestras llamadas duraban horas y
costaban discusiones, pero nada importaba si estábamos juntos. Las horas eran segundos a tu
lado. Mi
almohada sólo era para ti, y tus sueños solo les ocupaba yo. Nuestros besos
eran pasionales, o más bien alocados. Para
algunos exagerados, pero para nosotros a todas horas deseados. Hasta que todo cambió. Y ahora no veo tu cara nunca en
mi telefonillo, nuestras conversaciones por teléfono duran segundos... En
cambio, las horas eternas que había entre día y día para vernos ahora son
meses. Y tú mirada ya no se encuentra con la mía. Pero tus palabras me duelen como puñales cada vez que siento que no me
olvidas. Porque lo nuestro fue
mágico. Fuiste mi primer amor, y nadie podrá borrarlo. Y yo, yo no puedo soportarlo…

"Pero tus palabras me duelen como puñales cada vez que siento que no me olvidas."
ResponderEliminarMe ha recordado al Platónico...