jueves, 3 de noviembre de 2011

En tus ojos sólo hay demonios; nada bueno... ahí no queda nada.


Ni siquiera las canciones explican lo que siento por dentro, porque nadie entiende este terror, porque me hables, porque me mires… y tan sólo perderme. Te quise como no habia querido a nadie jamas. Cada vez que oía el motor de una moto temblaba, el humo siempre me cegaba, me ahogaba y desde entonces no puedo acercarme al fuego sin quemarme. Te miré y me hipnoticé, como si de un mago te tratases, pero no eras un mago. Ni hacías magia, ni te gustaba la purpurina. Sólo te gustaba colocarte todas las noches antes de dormir y hablarme de un mundo, tan lejano, que aunque me daba miedo, me fascinaba, tanto como tú. Y ahora que por fin, consigo huir de tu mundo, de tu hipnotismo, de tu humo, del naranja de tu copa… ¿Vuelves? No quiero más sudor en aquel sofá, no quiero resacas a tú lado, ni despedirme del ruido de tú moto. Sí soy rara, siempre lo has sabido. Y aunque lo parezca no te escribo otra carta, simplemente te olvido. Como olvido el mes de Abril, el césped de Septiembre y el gris de Agosto. Quizás Galicia ya no te espera, pero tú ya no bebas rubia la cerveza para acordarte de mi pelo. Nunca más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario