Es ese
cruce de miradas que no significa nada, pero significa todo.
Él te habla yo que sé, del tiempo en Berlín o
de lo bonita que es tu sonrisa cuando te ríes, pero eso da igual porque no te
estas enterando de una palabra de lo que dice. Sólo intentas descifrar
el azul césped de sus ojos. Piensas que todo es perfecto, él es perfecto y nada lo
puede estropear.
Entonces llega algo, cualquier cosa, eso que
lo desbarata todo y tu cabeza vuelve a su sitio, al punto de partida. Pero no importa, su
pelo te sigue volviendo loca.
Pasa el tiempo y cuando te has querido dar
cuenta te despiertas por la mañana y los rayos de la mañana te ciegan, te giras para seguir durmiendo pero lo ves a
él,
con su cara de no haber roto nunca un plato, aunque
si varios corazones.
Lo abrazas y ya sólo temes que cualquier pellizco pueda hacer que tu sueño, sea
eso, un sueño.

"Con su cara de no haber roto nunca un plato, aunque si varios corazones"
ResponderEliminarEso es lo peor.. Por eso seguimos ahí.