Sólo deseo abrir la puerta y que me empotres contra esta, girar
hasta llegar a la mesa y que me tumbes sobre ella, que me
arranques la medias y me busques la lengua. Que me cojas en volandas hasta
que me lleves a la cama, chocarnos con el espejo y que frotes mi espalda.
Que me
tumbes
y se desgarren las sabanas. Que
suenen las alarmas de un coche a lo lejos y nos sirva de música celestial para
seguir el ritmo. Que me
tires
del pelo, arañarte la espalda, que me muerdas el cuello y jadear una palabra.
Rodar hasta la otra cama y deshacernos de los peluches y el pijama. Que las
farolas de mi balcón alumbren tu mirada y me quede perdida en tus verdes, unos segundos, en los que tú me deseas más que a nada.
Acabar sin articular palabra. Ignorarte y que me abraces la espalda. Así hasta la
madrugada…

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